La tangibilidad, una vida minimalista a cambio de una vida sofisticada en el mundo digital

Por: Equipo Editorial Penta

Todo está demasiado rápido, los días corren mientras muchos de nosotros caminamos. El universo nos está enviando señales para el cambio y la adaptación social y personal, pasando de lo visible a tener nuevas perspectivas con lo intangible, con los NFTs.

Para iniciar, abarquemos los tokens… ¿qué crees? No son nuevos.

Estos están relacionados directa e inicialmente con los bancos. Seguro tú o tus padres recuerden un dispositivo azul y pequeño que entregaban los bancos, como, por ejemplo, en Colombia con Bancolombia u otras entidades financieras. Estos dispositivos que cabían en la palma de una mano servían para que a la hora de hacer una transacción apuntarás un número en el token y este te regresaba un número que validaba que la transacción que estuvieras haciendo sea segura y confiable.

El token, “es una unidad de valor que una organización genera para poder gobernar o administrar un modelo de negocio y dar más poder a la interacción con los usuarios para poder intercambiar, productos, valor y tiempo, facilitando la redistribución, reparto, entre otros beneficios”. ¿Qué intercambiaba y distribuía Bancolombia con este dispositivo? Sencillo, valor.

Ahora bien, los fungibles son la forma en como una cosa o algo puede dividirse para poder tener o encontrar su mismo valor. Para ser más claros, esto pasa en la actualidad con los billetes y las monedas.

Por ejemplo, cuando intercambias una moneda de cualquier país y/o valor, lo que buscas es que ese intercambio se haga bajo la misma cantidad. Esa división de moneda, supongamos una de 100 por 5 de 20, debe sumar el mismo valor. Eso quiere decir que la moneda es algo intercambiable. Pero, los NFTs, no lo son. Estos se crean de manera única, intransferible y segura. Es decir, el cuadro de la última cena de DaVinci, es uno solo. Que muchas personas lo tienen en su casa, en una foto o estampilla, es solamente una copia de lo que un día el artista creó y reposa en la dirección del convento de Santa Maria delle Grazie en Milan, Solo está allí, el verdadero, el único y es intransferible. No hay más. No es fungible. Es más, el hecho de que esto suceda con esta obra de arte y muchas otras más, hace que la pieza se vuelva mucho más atractiva, llamativa y por supuesto, valga más.

Los NFTs entonces, no son nada más, ni nada menos que No Fungible Token. Piezas originales, que no se pueden dividir, no se pueden destruir y mucho menos, se puede ser dueño o dueña de una sola parte de la pieza a adquirir. Se almacenan en la tecnología de cadena de bloques (Blockchain), se adquieren o se venden bajo un smart contract que determina dónde está, de quién es y adicional a eso, da por sentado que la propiedad de estos es absoluta y verificable para una sola persona. Esto abre espacio a una cultura digital y más que entenderla, nos invita a apreciar el valor de lo intangible, porque claro, hay muchas personas pesando que los NFTs, son piezas que no existen, están en el aire, pero no es así. No hay que ver para creer, sino creer para ver.

La inmaterialización de las cosas, es la nueva economía y cultura. Para la generación de los 2000 en adelante, es más importante sentir, que tocar, y eso, le da valor a los NFTs. El significado y valor, es totalmente diferente.

Hay que madurar en las ideas y llegar a acuerdos de valor. Somos la sociedad que le ha dado y ha decidido que los papeles (billetes) que cargamos todos los días en las billeteras, sean valiosos. Si llegamos a la meta de trascender en el universo, seguramente los billetes físicos, no tendrán tanta relevancia.

Los seres humanos hemos creado muchos modelos de economía, pero no le hemos dado el valor a lo que es compatible hoy con el mundo en el que nos movemos. Poco a poco reasignaremos a cada cosa la importancia que merece para reconocerle como un No Fungible Token y transaccionar de forma segura en el tiempo.

Cada acto y comportamiento que ocurre nos deja visionar escenarios de los posibles futuros. ¡Prepárate!